Sep 8
2007

Antonio Hurtado

de México DF

DUELE SER COMO UNA ROCA

Duele ser como una roca,
frí­a, inmutable, sin vida;
llena de historias imposibles de contar,
una tormenta, y ella en silencio,
en calma, esperando el amanecer;
sola, incomprendida en medio de sus semejantes,
sin lagrimas esperando un final que no llegara,
con sueños delirantes de volar,
volar a ningún lado, sólo volar;
humedad en su interior, polvo rodeándola;
perfectamente divisible,
nada la mantiene unida;
si, a veces pienso que duele ser como una roca.
Duele ser como una herida,
sangrante al más ligero roce;
entumida de dolor,
infectada por la intemperie,
sin cura, aumentando dí­a con dí­a;
en espera de la imborrable cicatriz,
carcomiendo toda la piel,
sin dejar un sólo poro intacto;
si, a veces pienso que duele ser como una herida.
Duele ser como un fantasma,
transparente a la vista de todos,
ausente entre las multitudes,
presente entre las soledades,
conciente de la muerte,
rezando por que lo recuerden;
viviendo entre el viento,
durmiendo en algún sueño;
platicando con sollozos frente a su reflejo,
lagrimas de plata cubriéndole el rostro,
con un pasado aun distante de su olvido,
una rosa en su mano, y un paso al otro mundo
del brazo de la muerte;
si, a veces pienso que duele ser como un fantasma.
Duele ser como un sueño,
creyendo ser realidad cada noche,
viviendo en un mundo de fantasí­a;
sobreviviendo ante el insomnio
en la mente de todos;
y después caer muerto cada mañana,
si, a veces pienso que duele ser como un sueño.
Duele ser como soy
que algunas veces soy como una roca
impenetrable, estático a las miradas,
frí­o a las insinuaciones,
húmedo por la soledad,
encerrado en algún cajón,
escondiéndome de todos
creyendo que están tras de mi;
otras veces sintiéndome como una herida,
llorando sangre por mis venas,
con algún recuerdo adolorido
infectándome la memoria,
carcomiendo mis recuerdos,
entumido de dolor
con mi cura en una mano distante;
también suelo pensarme como un fantasma,
para que nadie quiera verme,
pensando en una vida recién acabada,
llorando por los rezos olvidados,
conciente de la muerte,
de la muerte que cuelga de mi brazo
arrastrándola a cada paso que ando,
un pasado sin olvido,
una lágrima y un recuerdo
y me duele ser como un fantasma;
y cuando estoy sólo, soy como un sueño,
llenándome de vida con cada noche,
de una vida imaginaria, casi como la realidad;
con un insomnio asesino en mi almohada,
listo para acabar conmigo en un instante,
sobrevivo sólo para ver mi muerte
a manos del amanecer,
si, a veces duele ser como soy.

Sep 7
2007

CATVLVS


COLORES

I.- BLANCO

Blanca nieve.
Luna blanca…
Mentiras sin futuro.
Blanco es
el dolor de la partida,
el silencio del muerto, la presencia
de aquél que no ha llegado.
Blanco dolor.
Blanco espacio.
Blanco sobre blanco
el beso del traidor.
Blanca es
la traición de los amigos.
Blanco el desprecio.
Y el insulto
y la voz estrangulada
y el soplo de la ira entre murmullos.

II.- NEGRO

Aquel payaso, al ir a maquillarse,
tiró sus coloretes. Y en su cara
un tizón dibujó arrugas y nombres.

Aquella mariposa rompió el vuelo
y, por ser otra cosa, sin pensarlo,
se quiso golondrina.

Por la noche se esconde el tiovivo
-sin mareo, sin luz, sin cascabeles-
y es feliz a la sombra de su sueño.

Hasta el propio arco iris se detiene
frenando poco a poco su soberbia
y se ve, sonriendo, más hermoso.

III.- GRIS

Ese gris
-¿no lo ves?-
es imposible.

A Filis

No quiérasme encantar, oh Filis bella,
con el glauco mirar de tus luceros;
encántame quedándote así­, en cueros,
y verás refulgir mayor centella.
No te enzarces en púdica querella
ni razones con vanos desafueros.
Finojosos seremos, y aun vaqueros,
pues con í­nfulas porfí­as de doncella.
Me hiere si me niegas esos besos
que a otros regalas dadivosa
mientras doblas las doblas y los pesos.
No te finjas Susana pudorosa,
que en tu huerto de Midas y de Cresos
no queda por regar ninguna rosa.

A Roma

Dictadura inmortal de capiteles
abierta al infinito sin mesura;
donde el tiempo no es tiempo, sino usura
del céntimo de glorias y laureles.
Te quedaste sin hijos y sin fieles:
sólo esclavos te quedan de hermosura.
Y no verás llegar la luna oscura
asistiendo a tu entierro entre claveles.
Llegaste a reina y madre, y no te espera,
asomada desnuda a tu ventana,
más destino que el mármol y la cera.
Y vendes sin pudor cada mañana
tu poca santidad como hechicera
y tu triste virtud de cortesana.

 


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